HERVIR, SERVIR Y VIVIR


El otro día, Sara me recordó la parábola de los talentos (Mt 25, 14-27). A cada uno de nosotros, nuestro Padre del cielo nos ha dado unos dones. Yo tengo algunos. Tú tienes otros. O tal vez los mismos. Pero no es cuestión de saber si mis dones son peores o mejores que los tuyos. Y tampoco es una carrera, en la que tengo que conseguir más dones o hacer que sean mejores. Entonces, -¿para qué quiero los dones?-, os estaréis preguntando…

Jesucristo nos da una respuesta en la misma parábola: “El que había recibido cinco talentos fue a negociar en seguida con ellos y ganó otros cinco. […] ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado”. El que recibió los talentos los usó, pero lo que consiguió no fue para él. Lo fundamental no es tener muchos dones, ni ganar mucho con ellos para nuestro beneficio personal. Sino lo que realmente importa es lo que hacemos con ellos en pro de los demás. Y este campamento es una opotunidad excelente para utilizar nuestros dones.

Durante quince días, todos nosotros compartiremos campa, comedor, juegos, canciones y muchas risas. Encontraremos muchísimos momentos en los que, con nuestros dones, podremos hacer cosas por los demás, sin que haga falta que nos lo digan, y cuando estemos realizándolas, no daremos cuenta de que incluso disfrutamos haciéndolas.


Los scouts tenemos los ojos y los oídos bien abiertos y estamos siempre listos para servir. Vemos y actuamos. Hacemos todo lo que podemos para ayudar a los otros, de manera especial a los que más lo necesitan. Esto es el servicio: bondad, generosidad, altruísmo, amabilidad, abnegación. Es el amor al prójimo traducido a cosas concretas; no amar de palabra, sino con hechos y de verdad.

Al final de “Escultismo para muchachos”, después de explicar lo que hacen los scouts, Baden-Powell nos deja un mensaje claro: “Por tanto, que cada uno de nosotros haga su parte.”

¡Feliz campamento!